Una ciudad dividida por el fútbol
A solo dos días de la final de la Liga de
Campeones, colchoneros y merengues afrontan el partido con tranquilidad,
optimismo o cautela pero con respeto al adversario, en un cuerpo a
cuerpo entre Neptuno y Cibeles en el que lo único seguro es que pase lo
que pase el título se quedará en Madrid.
Es la primera vez que dos
clubes de una misma ciudad coinciden en la lucha por la Copa de Europa,
un motivo de orgullo para cualquier madrileño aficionado al fútbol,
pero también una oportunidad que los hinchas del Real Madrid y del
Atlético no quieren dejar escapar.
"Me siento muy madridista pero muy madrileño", asegura uno de los
socios más veteranos del Real Madrid, Jose Luis Ramos, que puede
presumir de tener un carné con más de medio siglo de antigüedad, además
de ser el presidente de la peña Alvarado, creada hace más de 60 años.
Por eso, aunque tiene la ilusión de ver ganar a su equipo el ansiado
título europeo, que se convertiría en el décimo de su historia, reconoce
que de no conseguirlo prefiere que la victoria vaya a parar al Atlético
antes que a otro club de fuera de Madrid.
En su caso, tiene previsto disfrutar de la final en directo en el
Estádio da Luz de Lisboa, ciudad a la que también se desplazará un buen
número de colchoneros como Rocío, que irá acompañada por su marido, un
seguidor del Barcelona recientemente "adoptado" por el Atlético, y por
su hijo, que con tan sólo cuatro meses es uno de los socios rojiblancos
más jóvenes.
"Creo que tenemos muchas posibilidades de ganar, el equipo está súper motivado", comenta confiada.
A diferencia de Rocío, otras parejas madrileñas sufrirán "rupturas"
momentáneas por sus diferencias en gustos futbolísticos, como le
ocurrirá a Lorena, una madridista que el día de la final se separará de
su novio atlético para que cada uno vea el partido tranquilamente con
sus respectivas familias.
Y es que la cercanía no garantiza la afinidad, al menos en el terreno futbolístico.
Si no, que se lo digan a los integrantes de las peñas madridista y
atlética de la localidad madrileña de Morata de Tajuña, enfrentados a
pesar de estar separados por menos de 500 metros de distancia.
"Rivalidad sana hay y mucha", dice el presidente de la peña
rojiblanca, Javier Casado, mientras que el de la madridista, Alejandro
Lora, ve con optimismo el partido, aunque no subestima el papel que
puedan desempeñar los jugadores atléticos.
"Llegarán eufóricos después de haber conseguido una Liga que hace mucho tiempo que no conseguían", apunta.
Trabajan a diario literalmente codo con codo en la misma oficina,
pero en cuestión de fútbol a Rosa y a Paloma les separa un abismo que se
hace más patente con la final de la Liga de Campeones, que encaran con
sensaciones muy distintas.
"Confío en mis chicos y en mi único Dios, que es Cholo", asegura la
primera, una atlética que suele pecar de ser "muy pesimista" pero que
esta vez ve con buenos ojos el partido, a diferencia de su compañera
madridista, mucho más cauta.
"No las tengo todas conmigo, hay mucha tensión y eso puede perjudicar
a unos y otros, a lo mejor con un equipo extranjero hubiera sido más
fácil", comenta.
La emoción por el derbi alcanza a personas de distintas
nacionalidades que viven en Madrid o están de paso estos días en la
ciudad, como una pareja de amigos de Eritrea a los que les une la
amistad pero les separan sus preferencias futbolísticas.
"Tienes miedo", dice en broma uno de ellos, seguidor del Atlético, a
su paisano, del Real Madrid, que lo niega al momento rotundamente.
Un francés que reside desde hace 25 años en Madrid cuenta que se
siente en minoría porque él es madridista pero todos sus amigos son
rojiblancos y está convencido de que si gana el Atlético se lo van a
"restregar".
"Han ganado la Liga, ¿qué más quieren?", dice entre risas.
En Madrid, los hay que se muestran indiferentes porque apoyan a otros
clubes o porque no tienen interés por el fútbol, como una religiosa de
las Misioneras del Santísimo Sacramento que, si tuviera que elegir, se
quedaría con el Real Madrid porque le tiene "más cariño", aunque sabe
que gane quien gane la Copa habrá algo positivo.
"Se quedará aquí, en Madrid", señala.

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