viernes, 9 de mayo de 2014

 Cristiano Ronaldo, el 'nuevo entrenador' del Real Madrid


Cristiano Ronaldo se ha convertido, junto con Sergio Ramos, en el motor anímico del Real Madrid. Ambos son íntimos amigos y ambos han tejido una especie de coalición que inyecta casta, ganas y energía al equipo en cada partido. Su compromiso es indudable. Los dos lo dan todo. Lo dan incluso cuando no están sobre el terreno de juego. El portugués es el mejor ejemplo de ello. Es la incomoda rutina de Cristiano Ronaldo.
Porque CR7 está visitando el banquillo merengue más de lo que a él le gustaría. Sus problemas físicos han hecho que tenga que estar junto a sus compañeros suplentes en una estampa nada frecuente.
Cierto es que sólo ha sucedido dos veces, frente a Borussia Dortmund en la vuelta de cuartos de final de la Champions y frente al Valladolid en el partido de Liga del pasado miércoles. En ambos el mejor jugador del mundo no pudo participar del choque. Contra el Borussia, porque sus problemas musculares le retiraron de la convocatoria el día previo. Frente al Valladolid, porque un golpe del serbio Mitrovic le mandó al banco cuando el crono sólo marcaba el minuto ocho.
 
 
En ambas ocasiones el Real Madrid sufrió y en ambas se pudo ver también el otro lado de Cristiano Ronaldo, ése que le convirtió casi en un entrenador más del equipo blanco por delante, incluso, de Carlo Ancelotti. Sus gestos así lo demostraron. CR7 fue, en uno y otro choque, un manojo de nervios que no paró de dar órdenes, instrucciones y todo tipo de consejos a sus compañeros. Tanto, que en ambos el cuarto colegiado le llamó la atención. A él, sin embargo, le dio igual. De pie, junto a Ancelotti, el ariete blanco se desgañitó una y otra vez.
Curiosa fue la manera en la que dejó escapar esta tensión en el Nuevo José Zorrilla. Contra el Valladolid, Cristiano se mostró más que hiperactivo, especialmente en los últimos minutos de partido, cuando incluso dio órdenes a sus compañeros por delante de un Carlo Ancelotti que se vio en ocasiones superado por la impotencia.
Así, por ejemplo, fue Cristiano Ronaldo el que ordenó a Pepe que se echara al suelo y perdiera tiempo cuando, en el minuto 81 de partido, y todavía con el 0-1 en el marcador, el central luso notó un pinchazo que le dejo medio cojo.
CR7 quería usar la picaresca para que su amigo arañara minutos al crono y, de paso, distrajera a un Valladolid que iba enchufado hacia el empate. Pepe, sin embargo, no le hizo caso. No al menos al principio.
Porque Cristiano también pidió a Pepe que subiera y se quedara de falso delantero ante la posibilidad de correr y cerrar en defensa.
En un primer momento no atendió a su petición y cortó un ataque pucelano, pero después, y ante la insistencia de CR7, Pepe sí que se marchó al ataque, aunque Ancelotti no le estaba indicando que se fuera arriba a la desesperada. El consejo de Cristiano casi tuvo su efecto. El central fue el encargado de tener la última ocasión madridista en un cabezazo que la defensa local despejó a córner.
Una ocasión que Ronaldo, el improvisado entrenador blanco, lamentó llevándose las manos a la cabeza y dejando el banquillo segundos antes de que el colegiado pitara el final del partido. Su actuación en Zorrilla se había acabado. Una actuación que duró sólo ocho minutos como delantero, pero que se prolongó durante 82 como 'entrenador' improvisado del Real Madrid

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