jueves, 3 de abril de 2014

Cuando Cristiano Ronaldo ordena, Carlo Ancelotti sólo obedece
Cristiano Ronaldo es algo más que un jugador del Real Madrid. Es su emblema. Lo que en Estados Unidos dirían su futbolista franquicia y que aquí un castizo bautizaría como la corona del escudo blanco. Por eso manda mucho. Manda, incluso, aunque no dé ordenes. Manda por encima de los que deberían ser sus teóricos jefes. Cosas del fútbol moderno y de unas relaciones de dependencia que en el caso del Real Madrid apuntan a su lesión y a cómo la ha gestionado el técnico blanco, el italiano Carlo Ancelotti.

Vayamos por partes. Cristiano tiene un problema. Se llama tendinitis y anoche, frente al Borussia Dortmund, dio un gran susto a todo el madridismo. Millones de aficionados blancos sostuvieron la respiración cuando el portugués se echó al suelo en la segunda parte y dijo "hasta aquí". Afortunadamente todo quedó en nada. El Balón de Oro no tiene dolencia grave. Por ahora.
Un golpe desafortunado en su rodilla derecha tras luchar una pelota en ataque le hizo recaer del dolor que viene arrastrando en las últimas dos semanas. Porque fue hace 15 días cuando, frente al Schalke 04, el luso hizo saltar las alarmas (internas, eso sí). Aquella noche, en un duelo intrascendente, en un partido que ya supuso perder a Jesé para lo que resta de temporada, Cristiano decidió que era buena idea forzar.
Que no pasaba nada por arriesgar. Que el 1-6 de la ida no debía ser tenido en cuenta. Porque él, Cristiano, nunca se borra y porque, de paso, tenía a tiro igualar el récord de goles en una sola temporada en Champions League. Y eso, con la ambición que caracteriza al luso, era demasiado tentador como para descansar.
Y sí, Cristiano jugó y marcó e igualó el registro que tenía en su poder Leo Messi, pero, a cambio, se marchó tocado a casa. Y así, tocado, jugó ante el Barça y el Sevilla, dos partidos donde Cristiano quiso pero no pudo y donde el Real Madrid se dejó media Liga.
Luego ante el Rayo también jugó. Y lo hizo durante todo el partido. Nada de cambios o de cautelas pese a la goleada con la que acabó el partido y que, por delante, había todo unos cuartos de final de la Champions. Nada de reservas pese al dolor de una tendinitis que seguía ahí.
Para el luso era necesario competir y, así, mantener o aumentar su ventaja en el pichichi con Diego Costa y Messi. Ambos habían anotado en sus partido, por lo tanto CR7 no podía desaprovechar la ocasión. Hasta que no consiguió su gol, no paró. De hecho, protagonizó una lucha de egos con Morata y Bale que no gustó demasiado a la grada merengue.
De esta forma es como llegamos al partido de anoche, un duelo en el que Cristiano debía de estar sí o sí, pero en el que, de nuevo, su obsesión por marcar le pudo por encima de su integridad física.
Y lo hizo, pero una vez conseguido el tanto, CR7 quería más. Por eso no se retiró del campo. Y eso que apenas podía, por momentos, ni caminar. De hecho, en varias ocasiones se le pudo ver pidiendo a sus compañeros que no se la pasaran. Que no estaba para carreras. La última la gastó en una contra en la que Bale no se la pasó. De ahí su enfado con el galés.
Fue poco después cuando su cuerpo le dijo 'Basta' y, así sí, Ancelotti le cambió. Pero no fue, en todo caso, una decisión de Ancelotti. Fue el propio Cristiano el que decidió pedir la retirada. Un detalle que hace que el italiano parezca no tener capacidad de decisión para sentar en el banquillo a su estrella.
Algo parecido a lo que le sucedió a Mourinho en sus primeras temporadas y lo que, tiempo después, le valió parte de la enemistad que se creó con su compatriota cuando, el curso pasado, sí que se atrevió a dejarle fuera del once titular para que no se agotara.
Cristiano no lo encajó demasiado bien. Porque Cristiano es algo más que un jugador del Real Madrid. Es su emblema y eso supone que él ordene y los que estén a su alrededor, aunque se llamen Ancelotti, sólo obedezcan.

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